En la vigilia de samhain del 31 de octubre, las creencias celtas sostenían que el velo entre los vivos y el inframundo se disolvía por completo. Como documenta el manuscrito medieval Echtra Nerai, durante esta noche el tiempo lineal quedaba suspendido fuera del calendario civil para permitir la convivencia con los ancestros.
En el folio 12d de la Royal Irish Academy de Dublín se conserva una copia de este relato histórico redactado en el siglo X. Durante mi última estancia de investigación en el Trinity College pude revisar los glosarios de Cormac, compilados hacia el año 900 por el obispo Cormac mac Cuilennáin.
Mi abuela solía contarme en Extremadura que en ciertas fechas otoñales los difuntos caminan de nuevo entre las aldeas. Los manuscritos gaélicos confirman esa misma vivencia comunitaria sobre el tránsito de los muertos antes del invierno de 2026.
¿Qué creían los celtas que pasaba en la vigilia de Samhain el 31 de octubre?
Los antiguos celtas creían que durante la vigilia de Samhain del 31 de octubre las leyes de la naturaleza y del tiempo terrenal quedaban en suspenso. Consideraban que el plano físico y el Sídhe (el mundo espiritual gaélico) se fusionaban temporalmente, permitiendo el retorno de los antepasados al hogar.
El término Samhain (en gaélico antiguo: ‘fin del verano’) marcaba el paso de la mitad luminosa del año a la mitad oscura. El ciclo diario celta no daba comienzo al amanecer, sino tras la caída del sol del último día de octubre.
Al no pertenecer al año saliente ni al entrante, esa velada se concebía como un intervalo liminal sin leyes fijas. Durante estas horas, los pactos políticos expiraban y los límites territoriales entre clanes perdían su vigencia jurídica en la antigua Irlanda y Gran Bretaña.
Las interpretaciones populares modernas imaginan una noche dominada por el terror sanguinario. Los registros manuscritos demuestran una realidad distinta: una jornada de comunión sagrada con los antepasados antes de afrontar el rigor del invierno de 2026.
¿Por qué se abrían los túmulos funerarios durante la noche de Samhain?
Los túmulos megalíticos celtas se abrían esa noche porque funcionaban como portales sagrados entre la tierra y la morada de los Tuatha Dé Danann (la legendaria estirpe divina). La tradición oral afirma que la niebla del inframundo emergía de las colinas para guiar a las almas.
El texto medieval Lebor Gabála Érenn (en irlandés antiguo: ‘Libro de las Conquistas de Irlanda’) relata cómo las cavidades rocosas permanecían abiertas de par en par. El guerrero Nera logró internarse en el túmulo de Cruachan durante las primeras horas de la madrugada.
Desde el interior de los túmulos salían entes divinos y espíritus tutelares, pero también espectros premonitorios. Entre ellos destacaba el presagio de la Banshee (en gaélico: ‘mujer del túmulo’), cuyo grito anunciaba la muerte inminente de un miembro del clan.
Si deseas comprender las raíces de esta entidad, examina el estudio sobre el temido lamento de la banshee irlandesa dentro de la tradición celta.
En el Noroeste peninsular perduró la memoria de procesiones nocturnas que recorrían los senderos rurales en épocas de bruma. Este mito guardaba un estrecho vínculo con la aparición nocturna de la Santa Compaña que atemorizó a las comunidades galaicas desde el siglo XVII.
¿En qué consistían el fuego nuevo y la cena muda del 31 de octubre?
El ritual del 31 de octubre exigía apagar los fuegos de los hogares para reencenderlos únicamente con la llama sagrada del santuario de Tlachtga. A la vez, las familias servían la cena muda dejando banquetes servidos y sillas vacías para los ancestros fallecidos.
La extinción del hogar simbolizaba la muerte del ciclo agrícola y la purificación del entorno familiar. Los druidas prendían una gran pira festiva en la colina de Hill of Ward, desde donde los aldeanos transportaban brasas encendidas hacia sus viviendas.
Durante la comida nocturna se guardaba un riguroso silencio ritual (en gaélico: Dumb Supper). Las ventanas y puertas traseras quedaban entornadas, colocando manzanas y pan de avena en el alféizar exterior para alimentar a los caminantes del más allá.
Las extrañas luminiscencias observadas en las turberas irlandesas durante la vigilia se interpretaban como las antorchas de las almas errantes. Varias centurias después, la antropología documentó la explicación física tras estos fenómenos, conocida como el origen científico del fuego fatuo derivado de la combustión de gas en terreno húmedo.
En algunos individuos, el miedo cerval a la irrupción del mundo invisible provocaba accesos de pánico colectivo. Este pavor ancestral persiste en la psicología contemporánea bajo el diagnóstico formal de los síntomas reales de la samhainofobia frente a los símbolos de la noche.
¿Qué explican la historia y la arqueología sobre el origen de Samhain?
La arqueología europea confirma que Samhain estructuraba el calendario agropastoril de la Edad del Hierro en todo el arco atlántico. En esta fecha concreta se sacrificaba el ganado sobrante y se almacenaba la carne salada para sobrevivir al frío.
Los yacimientos megalíticos de Loughcrew, situados en el condado de Meath, cuentan con orientaciones astronómicas calculadas al milímetro. La cámara interior del túmulo Cairn L se ilumina directamente con los rayos del sol naciente cada 31 de octubre desde hace 5.000 años.
La historiografía medieval documenta que la cristianización del evento fue una estrategia progresiva de asimilación cultural. El papa Gregorio III en el siglo VIII hizo coincidir la festividad de Todos los Santos el 1 de noviembre para absorber las asambleas de la época pagana.
La teoría de que los celtas adoraban a un supuesto dios demoníaco llamado Samhain fue una invención del siglo XVIII formulada por el anticuario Charles Vallancey. La lingüística moderna ratifica que Samhain es únicamente un término cronológico que designa el inicio de la estación oscura.
¿Qué nos enseña el mito celta de Samhain sobre la oscuridad invernal?
La perspectiva antropológica evidencia que la comunidad celta no concebía la penumbra como una fuerza maligna, sino como la semilla de la regeneración. En su mentalidad, toda manifestación de vida debía germinar primero en la oscuridad de la tierra.
Al examinar las actas del archivo este sábado de octubre de 2026, compruebo que la fuerza de este ritual no reside en el miedo, sino en el recuerdo. Las culturas antiguas entendían que honrar a los muertos era indispensable para mantener la cohesión de la tribu.
Si deseas continuar esta investigación con rigurosidad académica, te aconsejo consultar The Stations of the Sun del historiador Ronald Hutton, editado en 1996 por Oxford University Press. Esta obra examina con precisión las fuentes originales del folclore de las Islas Británicas.