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Cuento de calabazas de halloween

Esqueletin junio 11, 2025
Cuento de calabazas de Halloween

Las calabazas del granero maldito 🎃

En Hollow Creek, cada Halloween traía consigo la misma advertencia:

«Nunca toques las calabazas de la granja Holloway.»

Era una regla no escrita, un cuento de miedo que los ancianos murmuraban al calor de las fogatas. Se decía que, cada cierto tiempo, alguien rompía la norma… y nunca se le volvía a ver.

Para Ethan, Mark y Lucy, aquello no era más que superstición. Adolescentes de diecisiete años, demasiado grandes para el «Dulce o truco» y demasiado rebeldes para quedarse en casa, decidieron desafiar la leyenda.

—Son solo calabazas —dijo Ethan con una sonrisa torcida—. Vamos a tomar una y la llevamos al festival.

Lucy dudó. No le gustaban las historias del granero, pero no quería parecer cobarde. Mark, siempre en busca de adrenalina, no necesitó más convencimiento.

Cerca de la medianoche, los tres cruzaron la cerca de madera podrida y se adentraron en el campo prohibido.

La granja de los Holloway estaba en ruinas. No había nadie viviendo allí desde hacía años, pero el campo de calabazas seguía dando fruto, como si la tierra misma estuviera maldita.

Las calabazas eran enormes, anaranjadas como la sangre seca, con superficies lisas y perfectas.

—Estas cosas son monstruosas —susurró Lucy, sintiendo un escalofrío.

—Exactamente —respondió Mark con una sonrisa—. Nos llevamos la más grande.

Eligieron una que parecía casi demasiado perfecta. Cuando la tocaron, la piel era más cálida de lo normal, y había un leve temblor en su superficie… como si algo dentro respirara.

—Vámonos ya —dijo Lucy, inquieta.

Pero al intentar levantarla, la calabaza se resistió. Sus raíces parecían aferrarse a la tierra con una fuerza imposible.

Ethan tiró con más fuerza y, con un sonido seco, la calabaza se desprendió.

Entonces, el aire cambió.

El viento dejó de soplar. El granero crujió, como si algo en su interior despertara. Y, de repente, la calabaza en sus manos se partió en dos con un ruido seco.

Algo salió arrastrándose de su interior.

Primero, una mano huesuda, cubierta de pulpa y semillas. Luego, una cara… o lo que alguna vez fue una cara. No tenía ojos, solo dos huecos profundos que parecían absorber la luz. Su boca se abrió con un chirrido inhumano.

Mark tropezó hacia atrás. Lucy gritó.

Ethan quedó petrificado cuando las demás calabazas comenzaron a temblar.

Grietas se abrieron en sus superficies, y de cada una surgieron brazos, piernas, mandíbulas desencajadas, ojos que nunca debieron existir. Las calabazas estaban llenas de cuerpos.

—Nos despertaron… —susurró la primera criatura, con una voz que parecía resonar desde lo más profundo de la tierra.

El campo entero cobró vida.

Los tres corrieron como nunca en sus vidas. Las criaturas se movían de manera antinatural, retorciéndose, saliendo de sus cáscaras como mariposas deformes de un capullo infernal.

Lucy sintió una garra fría arañarle la pierna. Mark jadeaba, pero no se atrevía a mirar atrás. Ethan corrió hasta sentir que los pulmones le ardían.

Cuando cruzaron la cerca de la granja, todo quedó en silencio.

Se giraron, con el corazón latiendo en sus gargantas.

Las calabazas estaban… intactas. No había señales de las criaturas, ni de las grietas, ni de los cuerpos.

Solo el viento otoñal que volvió a soplar entre los árboles.

—Vámonos de aquí —susurró Lucy.

Y ninguno volvió a hablar de lo que vieron esa noche.

Al día siguiente, el festival de Halloween siguió su curso. Las calabazas de la granja Holloway fueron vendidas como todos los años, llevadas a los hogares del pueblo, talladas con sonrisas macabras…

Pero en algunas casas, cuando los niños abrieron sus calabazas para vaciarlas, encontraron algo más que semillas.

Pequeñas uñas humanas incrustadas en la pulpa.

Ojos que los miraban desde el interior.

Y a la medianoche, mientras el pueblo dormía, tres adolescentes escucharon en sus habitaciones un murmullo sordo, apenas perceptible.

—Nos despertaron… y ahora tenemos hambre.

Esqueletin

Acerca del autor

Esqueletin

Administrator

Coleccionista de noches oscuras, leyendas raras y recetas que deberían venir con advertencia. Me pierdo con gusto entre tradiciones, misterios, cine de terror y cualquier cosa que huela a otoño. Si has venido buscando Halloween de verdad, ponte cómodo: yo pongo el ambiente.

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